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ALESSANDRA SEGANTIN


 

"Busca tu camino para llegar a donde quieres"

 

Quién soy

 

Nací en Dolo, un pequeño pueblo cerca de Venecia, y crecí allí, rodeada de mi familia. Desde niña, las montañas formaron parte de mi vida. Cada verano pasábamos semanas en Dolomitas, haciendo largas rutas de trekking y mis primeras ferratas. Esperaba con impaciencia esas semanas: eran sinónimo de alegría, naturaleza y conexión profunda con el entorno. Me fascinaba tener montañas tan majestuosas tan cerca y sentirme parte de ellas.

Con los años, esa fascinación se transformó en algo mucho más grande. Durante mi primer viaje en solitario por Patagonia, comprendí que estar en la montaña, caminar durante horas y vivir con lo esencial era lo que realmente me hacía feliz. Aquella experiencia marcó un antes y un después. Fue en ese viaje donde empecé a trabajar como guía y donde nació mi proyecto personal y vital.

Hoy mi día a día gira en torno a esa pasión: planifico mi año organizando expediciones 100% femeninas, colaborando con agencias y proyectos locales liderados por mujeres. Mi objetivo es acompañar a otras mujeres a cumplir sus sueños de montaña y a descubrir la fuerza, la calma y la alegría que se encuentran en las alturas.

 

Expedición femenina al Aconcagua

En 2023 fui integrante de una expediciòn 100% femenina autogestionada al Aconcagua con mujeres montañeras de todo el mundo

Viaje en solitario a Patagonia

En 2014 viajé en solitario por Patagonia y Tierra del Fuego, el viaje que cambió mi vida y donde empiecé a trabajar de guía

Titulación UIMLA

En 2020 obtuve mi titulación de guía de media montaña con credencial internacional UIMLA

Guía en Islandia

En 2017 comenzé a trabajar a tiempo completo como guía en Islandia

Campo base Annapurna

En 2024 acompañé a mi primer grupo de mujeres al campo base del Annapurna

 

Mi aventura

 

Uno de los momentos más emocionantes de mi carrera fue acompañar a un grupo de nueve mujeres hasta el campo base del Annapurna, apoyándome en una agencia local formada únicamente por guías y porteadoras mujeres. Éramos veinte en total, entre clientas y trabajadoras, y ver cómo todas alcanzaban los 4.000 metros, unidas, sonrientes y llenas de orgullo, fue una experiencia profundamente inspiradora.

Mi proyecto no se trata solo de alcanzar cumbres, sino de crear espacios de confianza, comunidad y superación compartida entre mujeres. La montaña se convierte en un lugar donde descubrirse, empoderarse y celebrar el camino, más allá del resultado.

A medio y largo plazo, mi meta es seguir organizando expediciones femeninas —al Kilimanjaro, al campo base del Manaslu y a las montañas de Bolivia—, siempre bajo la misma filosofía: unir aventura, sostenibilidad y apoyo a comunidades locales gestionadas por mujeres.

La montaña es calma y felicidad

Me encantan las cumbres, sin importar su altura. Lo que me atrae es la sensación de tener solo el cielo por encima y todo el mundo a mis pies. Estar allí arriba me transmite una calma y una felicidad difíciles de describir. De hecho, casi siempre tienen que convencerme para bajar…

Cada cima, cada paso, es una oportunidad para reconectar conmigo misma y con el entorno.

 

 

Mi esencia outdoor

 

Cuando salgo a la montaña siempre llevo... Un dispositivo de comunicación satelital, agua, una chaqueta de pluma ligera y una chaqueta Gore-Tex, aunque sea verano.

Si quisiera enganchar a alguien al outdoor le llevaría a… La Cima Sief, una cumbre poco conocida en Dolomitas. Es fácil de alcanzar, ofrece una vista panorámica de 360º y guarda una gran historia ligada a la Primera Guerra Mundial. Es un lugar donde se aprende y se siente mucho.

Cuando no estoy en la montaña estoy… Leyendo sin parar o probando nuevas recetas en la cocina.

Lo más importante que he aprendido gracias a la montaña es... Que las cimas alcanzadas o los grados escalados no definen tu valor como persona. Todos tenemos nuestros sueños y objetivos, y lo importante es intentar alcanzarlos disfrutando del proceso.

El paisaje o momento vivido en la montaña que nunca olvidaré es... El día que llevé a un grupo a visitar un glaciar en el sur de Islandia. Al llegar a la morrena terminal, el glaciar apareció frente a nosotros, imponente y silencioso. Nadie dijo una palabra. Nos quedamos allí, contemplando, emocionados, con lágrimas discretas y una sensación de humildad difícil de explicar.

 

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