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Nací en Zaragoza, donde también crecí junto a mis padres y mi hermano. Desde que tengo memoria he estado ligado a la montaña: vengo de una familia montañera, y desde niño he vivido la naturaleza con intensidad, acompañando a mis padres en muchas salidas por el Pirineo.
A los catorce años, mi padre nos llevó —a mi hermano y a mí— a escalar al Mallo Fire, en Riglos. Aquel día fue un punto de inflexión. Recuerdo la sensación al tocar la roca por primera vez, la mezcla de respeto y emoción… y también la certeza de que eso iba para largo. De hecho, ese mismo 12 de octubre de 1994 fue mi primera ascensión y el inicio de un camino que nunca he abandonado.
Dos años después, con dieciséis, la escalada ya era algo casi obsesivo. Desde entonces, mi vida ha girado en torno a ella. Hoy compagino mi pasión con mi trabajo como bombero, una profesión que también soñé desde pequeño y que me permite mantener ese equilibrio entre la intensidad y la calma. Y cuando no estoy escalando o de guardia, estoy con mis dos hijas, que son mi otra gran aventura.
12/10/1994. Ascensión al mallo Fire. El primer día que escale…
Equipar y encadenar “No pain, no gain” 9a+ en Rodellar
Un viaje a Red River Gorge con Silvia en 2010
Podium en la copa de España 2013 en Zaragoza, con mi gente
Ascensión al “Pilar del Cantábrico” en libre con mi buen amigo Alejandro Giménez




De todos los momentos vividos en la montaña, el logro al que más valor le doy es haber conseguido escalar 8c a vista. Fue un objetivo que perseguí durante años, un desafío constante en el que aprendí tanto o más del proceso que del resultado.
Pero mis mayores éxitos personales van más allá de los grados o las cimas. Haber conocido a Silvia, mi compañera de vida, formar con ella una familia y cumplir el sueño de ser bombero son los hitos que realmente definen quién soy.
A medio y largo plazo, mis planes son simples: seguir disfrutando cada día de la escalada y la montaña, y transmitir esa pasión a mis hijas. Quiero que ellas también sientan lo que yo sentí aquel primer día en Riglos: la mezcla perfecta entre respeto, emoción y libertad.
La montaña lo es todo: una forma de vida. Me ha enseñado valores, superación, calma y humildad. Es mi refugio y mi escuela, el lugar donde encuentro equilibrio, paz y sentido.


Cuando salgo a la montaña siempre llevo... Mis gatos y magnesio.
Si quisiera enganchar a alguien a la escalada le llevaría a… Rodellar, Bielsa o Albarracín. Lugares donde la roca, el entorno y la energía lo hacen inevitable.
Cuando no estoy en la montaña estoy… Trabajando o disfrutando de mi familia.
Lo más importante que he aprendido gracias a la escalada es... El respeto por la naturaleza y la superación personal.
El paisaje o momento vivido en la montaña que nunca olvidaré es... Innumerables: mi primer día en el Fire, un atardecer desde la cima del Picu, viajes que te marcan y te acompañan siempre.