Regresar a la rutina después de un mes de expedición puede parecer un castigo. Y sin embargo, mis actividades en la montaña y mi vida en el valle no solo se complementan: se necesitan.
Después de muchos meses trabajando como profesor y de un año recuperando una lesión cronificada en el pie derecho, pasé el mes de agosto en los Andes peruanos, primero como guía de montaña y luego disfrutando de mis propias aventuras.
Adoro viajar y dar rienda suelta a mi vocación de geógrafo. Me apasiona el deporte en la naturaleza intensa: el aire frío de la montaña o la brisa salada del océano me hacen sentir vivo. Así que adoro fundirme con ella, sin otro propósito que recorrerla e impregnarme de esa sensación de seguir su ritmo.
Acabo de regresar de Perú y Ecuador, dos destinos que he repetido varias veces. Siempre soñé con esas Américas, tremendamente exóticas por la cantidad de territorios y gentes por conocer, pero en las que me siento como en casa. Me identifico profundamente con los habitantes de los pueblos rurales: los que sienten apego a la tierra, se dejan la piel sacando lo mejor de ella y defienden activamente la conservación del medio ambiente.




¿Qué es el trekking del Ausangate y por qué merece la pena hacerlo?
El Nevado Ausangate (6.385 m.) es el pico más alto de la cordillera Vilcanota, en la región de Cusco, y uno de los grandes destinos de alta montaña en Sudamérica. El circuito que lo rodea cubre 65 kilómetros en siete días, y es considerado uno de los trekking más espectaculares de los Andes peruanos.
Mi primer objetivo de este viaje fue guiar a un grupo de montañeros a través de este itinerario, mientras yo mismo me aclimataba para intentar el ascenso a la cima.
Nuestro periplo comenzó en Cusco, capital del antiguo Imperio Inca, a 3.400 metros de altitud: el punto de partida perfecto para la aclimatación progresiva que exige cualquier expedición de alta montaña en los Andes.
El circuito me sorprendió gratamente. A pesar de haber completado otros tres trekking en Perú — Salkantay, Huayhuash y Santa Cruz — el Ausangate no dejó de sorprenderme en ningún momento: la variedad de paisajes, la exclusividad de rincones como la Laguna Pukacocha o la panorámica desde el campo base son difícilmente comparables.
Desde el inicio el paisaje es claramente de altura: el amarillo de los pastos, el ocre y gris del roquedo, el turquesa de las lagunas y el blanco de los glaciares conforman una paleta cromática exclusiva de las montañas peruanas que no recuerdo haber visto antes.
Pero no es solo la geografía física lo que llama la atención, sino también la humana. En las escasas aldeas viven aún pastores de llamas y alpacas que dan un carácter rural único a este territorio andino. Mi mayor sorpresa fue el encuentro fortuito con Juana que, mientras sus animales pastaban, tejía en su telar portátil con la misma técnica ancestral de sus antepasados. Conocerla fue trasladarse a otro tiempo.
¿Qué ropa y equipamiento necesitas para el trekking del Ausangate?
Las condiciones meteorológicas en la cordillera Vilcanota son muy cambiantes: noches con temperaturas por debajo de 0°C y mediodías que superan los 20°C. La clave está en llevar capas ligeras y transpirables que puedas combinar según el momento del día. Durante el trekking utilicé la camiseta RIMONT, el pantalón corto STUOR DF y la camiseta CHAMPEX de Trangoworld, que me permitieron adaptarme con comodidad a esos contrastes atmosféricos tan extremos.
Los tres últimos días recorrimos la cara sur del Ausangate, donde los glaciares cuelgan desde las montañas hasta los valles y alimentan multitud de lagunas. Los Apus — nombre con el que los locales llaman a las montañas sagradas — son fuente de temores para los lugareños, pero también de recursos naturales que agradecen conscientemente: el agua que riega los forrajes para el ganado y sostiene la vida en estos valles de altura.
Tras muchos paisajes de alta montaña, kilómetros recorridos y desniveles acumulados, llegamos a la Montaña de los Siete Colores. Este lugar permaneció oculto bajo la nieve hasta hace pocos años, pero el cambio climático lo ha dejado al descubierto y hoy es uno de los hitos turísticos más importantes del sur de Perú. Decidí acampar a una hora del lugar y acercarnos con las últimas luces del día, prácticamente solos, disfrutando de ese escenario con toda la tranquilidad del mundo.




Ascensión al Ausangate: 20 horas para coronar los 6.385 metros
Tras despedir al grupo en Cusco, regresé al campo base del Ausangate con dos compañeros: Carlos Pedros, que me acompañaba desde España, y Luis Crispín, amigo peruano con el que ya he compartido otras aventuras.
¿Cómo es la vía de ascensión al Ausangate?
Al estudiar la posible vía nos llevamos una sorpresa desagradable: una sección de hielo por la que se solía ascender había desaparecido, dejando solo roca descompuesta como consecuencia del cambio climático. Con ayuda de los prismáticos, sin embargo, detectamos a la derecha una pala de hielo de aproximadamente 70 grados de inclinación y 300 metros de longitud.
Las guías de alpinismo andino califican la ruta tradicional con una graduación de D+. Nuestra variante por la pala podía llegar a MD. Tocaba reflexionar, consensuar y decidir. Finalmente apostamos por intentarlo, confiando en que una vez superada esa sección técnica accederíamos a las aristas finales que conducen a la cima.
La verdadera dificultad, sin embargo, no estaba en la pala de hielo, sino en la sección superior: nieve reciente acumulada, con el típico grano redondo de muy poca cohesión que ralentiza enormemente la progresión y pone en riesgo la llegada a cumbre.
El tiempo era perfecto — ni una nube — así que fuimos haciendo turnos para abrir huella, hundiéndonos muchas veces hasta la cintura. Exhaustos pero determinados, invertimos horas mientras ascendíamos metros. Después de doce horas desde el campo base divisamos la arista final: muy venteada, aérea, con un manto de nieve profundo e inestable. La determinación y las condiciones estaban a nuestro favor. Poco a poco llegamos a la cima. Nos fundimos en un abrazo y disfrutamos unos minutos de las vistas panorámicas antes de emprender el descenso.
¿Qué equipamiento técnico usé en la ascensión al Ausangate?
En la ascensión tuve la suerte de probar el nuevo pantalón de alta montaña ALADREN de Trangoworld: una prenda muy ligera y transpirable pero capaz de garantizar la impermeabilidad en nieves tan profundas como las que encontramos. Algo que resultó determinante no solo para el confort, sino también para la seguridad en una montaña por encima de los 6.000 metros. Como segunda capa usé la chaqueta de forro polar ETIVE junto a la chaqueta TRX2, que me permitieron trabajar con comodidad durante toda la ascensión. De hecho, fue mi combinación de capas más usada durante todo el viaje.
Pasados unos días, estoy convencido de que ha sido una de las ascensiones más duras que recuerdo: veinte horas de actividad total desde el Campo 1. A pesar de no ser una montaña excesivamente alta, las condiciones que encontramos nos obligaron a dar lo mejor de cada uno. Llegamos desfallecidos a la tienda, mucho más cansados que contentos. Pero ahora, ya en casa, estoy muy satisfecho con el trabajo realizado, con comprobar que mi pie se está recuperando y con saber que sigo estando a la altura de grandes aventuras.
Como saben quienes me siguen, he tenido la suerte de ascender a varios ochomiles, entre ellos el Everest. Pero debemos recordar que no es solo la altitud lo que hace grandes a las montañas.






