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"El Manaslu seguirá ahí, y yo también", crónica de Juan Diego Amador sobre su Desafío Colossus Manaslu 2026

"El Manaslu seguirá ahí, y yo también", crónica de Juan Diego Amador sobre su Desafío Colossus Manaslu 2026
3 de noviembre de 2026
"El Manaslu seguirá ahí, y yo también", crónica de Juan Diego Amador sobre su Desafío Colossus Manaslu 2026

Hay expediciones que terminan en una cumbre y otras que terminan tomando una decisión. La nuestra terminó lejos de los 8.163 metros del Manaslu, después de semanas de esfuerzo, incertidumbre y espera. No alcanzamos la cima, pero regresamos con algo que en la montaña nunca se puede dar por garantizado: la posibilidad de volver a casa.

El pasado septiembre viajé a Nepal con la intención de ascender el Manaslu, la octava montaña más alta del planeta. Quería sumar un nuevo ochomil a mi trayectoria, después del Cho Oyu, el Gasherbrum II y el Everest, y hacerlo sin oxígeno suplementario ni sherpas de altura. Era un proyecto deportivo exigente, pero también algo mucho más personal: una manera de regresar a mis propios orígenes como alpinista.

Han pasado más de veinte años desde aquel Cho Oyu de 2002, que ascendí junto a Javier Cruz sin oxígeno artificial. Aquella experiencia marcó profundamente mi forma de entender la montaña. Volver ahora al Himalaya, después de tantos años y con toda la experiencia acumulada, no significaba repetir el pasado. Se trataba de descubrir quién era yo, como alpinista, ante un nuevo desafío.

Una expedición de estas características comienza muchos meses antes de llegar a Nepal. El entrenamiento, la planificación, la logística y la preparación del material son parte de un trabajo que rara vez aparece en las fotografías, pero que resulta determinante cuando uno se encuentra a miles de kilómetros de casa y por encima de los 6.000 metros.

Desde Katmandú iniciamos la aproximación al Manaslu, atravesando valles y poblaciones donde la vida transcurre a otro ritmo. Las lluvias y las dificultades meteorológicas ya anunciaban una temporada complicada. En el Campo Base, a unos 4.900 metros, comenzamos a organizar las rotaciones, estudiar la ruta y preparar el proceso de aclimatación.

 

Juan Diego Amador, embajador Trangoworld, durante la expedición al Manaslu con equipamiento técnico de alpinismoJuan Diego Amador, embajador Trangoworld, durante la expedición al Manaslu con equipamiento técnico de alpinismo
Juan Diego Amador, embajador Trangoworld, en el campo base del Manaslu con banderas de oración tibetanas y equipo de expediciónJuan Diego Amador, embajador Trangoworld, en el campo base del Manaslu con banderas de oración tibetanas y equipo de expedición

 

Éramos un grupo de alpinistas con trayectorias y procedencias diferentes, unidos por una misma aspiración: afrontar la montaña con autonomía y el menor apoyo externo posible. El equipo decidió que asumiera el liderazgo, una responsabilidad que entendí, sobre todo, como la obligación de escuchar, buscar consensos y tomar decisiones pensando en la seguridad de todos.

Antes de iniciar las ascensiones a los campos superiores participamos en la ceremonia de la Puja. Un lama bendijo a los alpinistas y nuestro material, mientras pedíamos protección y permiso a la montaña para intentar ascenderla. Más allá de las creencias de cada uno, aquel ritual me recordó algo que siempre he sentido en las grandes cordilleras: la montaña no es un escenario que podamos dominar a voluntad, sino un entorno al que debemos acercarnos con humildad.

Aprovechamos una pequeña ventana de buen tiempo para instalar el Campo I, a 5.750 metros, y continuamos trabajando en la aclimatación hasta alcanzar el Campo II, por encima de los 6.800 metros. Cada rotación exigía esfuerzo, paciencia y una atención constante a las condiciones de la nieve.

En esas jornadas, el equipo técnico de Trangoworld formaba parte de mi preparación cotidiana para afrontar el frío, la humedad y los cambios de temperatura propios de la expedición. En alta montaña, la ropa no sustituye a la experiencia ni elimina los riesgos, pero elegir prendas adecuadas y gestionar bien las capas es parte de la planificación que permite concentrarse en lo verdaderamente importante: avanzar con criterio.

 

 

A mediados de septiembre, la situación comenzó a complicarse de manera extraordinaria. Entre los días 18 y 19 cayó una cantidad de nieve excepcional. Partes de la ruta y de las cuerdas fijadas quedaron sepultadas, y algunos pasos que días antes parecían accesibles dejaron de serlo.

El 20 de septiembre, una avalancha alcanzó el Campo III y acabó con la vida de dos alpinistas: Dhruba Jyoti Guha y Phursemba Sherpa. Su muerte nos recordó de la forma más dolorosa que, en una montaña de estas dimensiones, las condiciones pueden cambiar en muy poco tiempo y las consecuencias de un error de valoración pueden ser irreversibles.

A partir de entonces, el problema dejó de ser simplemente esperar a que mejorase el tiempo. Había que entender qué estaba ocurriendo con el manto nival, cómo se estaban acumulando las nuevas capas y qué consecuencias tendría todo aquello para la estabilidad de las laderas y los accesos a los campos superiores.

Como geógrafo, siempre me ha interesado comprender los procesos que transforman el paisaje. Como alpinista, sé que ese conocimiento solo tiene valor cuando ayuda a tomar mejores decisiones. Observar la montaña, interpretar sus señales y aceptar lo que no podemos controlar forma parte de nuestro trabajo, aunque a veces resulte difícil asumirlo.

Esperamos una oportunidad que nos permitiera continuar. Sin embargo, las previsiones anunciaron un nuevo episodio de tiempo muy adverso, asociado a un sistema de bajas presiones que se desarrollaba sobre la bahía de Bengala. En el Campo Base ya se había acumulado más de un metro de nieve, y los pronósticos apuntaban a nuevas precipitaciones importantes.

 

Juan Diego Amador y Alex Txikon, embajadores Trangoworld, con equipamiento técnico de alpinismo durante la expedición al ManasluJuan Diego Amador y Alex Txikon, embajadores Trangoworld, con equipamiento técnico de alpinismo durante la expedición al Manaslu
Juan Diego Amador y Alex Txikon, embajadores Trangoworld, durante la expedición al Manaslu con equipamiento de alta montañaJuan Diego Amador y Alex Txikon, embajadores Trangoworld, durante la expedición al Manaslu con equipamiento de alta montaña

 

La montaña estaba cargada de nieve y el riesgo de avalanchas había aumentado. Numerosas expediciones decidieron retirarse. Nosotros tuvimos que aceptar que no existían condiciones razonablemente seguras para continuar con nuestro objetivo.

Yo quería subir. Había entrenado durante meses, preparado cuidadosamente la expedición, recorrido miles de kilómetros y puesto una enorme ilusión en este proyecto. Por supuesto que me dolía no alcanzar la cima. Sentía tristeza, frustración e incluso cierta impotencia. Pero una cosa es estar decepcionado y otra muy distinta tomar una mala decisión.

En el alpinismo, la voluntad es imprescindible, aunque nunca debería confundirse con la obstinación. La experiencia no nos hace invulnerables: nos permite reconocer mejor los límites y comprender cuándo el riesgo ha dejado de ser asumible. No existe ninguna cumbre que justifique poner en peligro una vida.

El 27 de septiembre, ante la gravedad de la situación y las recomendaciones de evacuación, iniciamos el descenso. La decisión definitiva de abandonar el intento llegó después de valorar la evolución meteorológica y las condiciones de la montaña. No se trataba de renunciar ante la primera dificultad, sino de aceptar que la naturaleza había cerrado la posibilidad de continuar con garantías.

El temporal y las avalanchas que afectaron a otras zonas de Nepal confirmaron la gravedad de aquellos días. En el Himalchuli, una montaña vecina, una avalancha sepultó un campo base y causó numerosas víctimas. Resultaba imposible contemplar aquella tragedia sin pensar en las personas que habían perdido la vida y en sus familias.

Descendimos hasta una población cercana y, posteriormente, nos trasladamos a Katmandú. Allí comenzó otra espera: recuperar el material de escalada que había quedado sepultado bajo la nieve en nuestro Campo Base. Después de varios días de gestiones, conseguimos autorización para regresar a la zona y rescatarlo. Recuperar aquel equipo nos permitió cerrar esta etapa y conservar una parte importante del material necesario para una futura expedición.

Regresé a Tenerife sin la cima que había ido a buscar, pero no me marché derrotado. Me llevé la experiencia de una expedición extraordinariamente intensa, el recuerdo de mis compañeros y la certeza de que, una vez más, la montaña nos ha enseñado algo que conviene no olvidar.

Quiero agradecer al equipo su profesionalidad, su compromiso y la confianza que hemos mantenido durante las semanas más difíciles. También a Trangoworld, por acompañarme en mi trayectoria deportiva y formar parte del material técnico con el que afronto mis proyectos; y a todas las personas, empresas e instituciones que han contribuido a hacer posible el Desafío Colossus.

 

Juan Diego Amador, embajador Trangoworld, con equipamiento de alpinismo durante la expedición al ManasluJuan Diego Amador, embajador Trangoworld, con equipamiento de alpinismo durante la expedición al Manaslu
Juan Diego Amador y Alex Txikon, embajadores Trangoworld, ascendiendo en pendiente nevada durante la expedición al ManasluJuan Diego Amador y Alex Txikon, embajadores Trangoworld, ascendiendo en pendiente nevada durante la expedición al Manaslu
Juan Diego Amador, embajador Trangoworld, con piolet en alto en terreno nevado de alta montaña durante la expedición al ManasluJuan Diego Amador, embajador Trangoworld, con piolet en alto en terreno nevado de alta montaña durante la expedición al Manaslu

 

Y, sobre todo, quiero recordar a quienes perdieron la vida durante esta temporada. El alpinismo nunca debería hacernos olvidar que detrás de cada expedición hay personas, familias y vidas que merecen todo nuestro respeto.

Quizá una de las lecciones más importantes de esta experiencia sea que el verdadero valor de un proyecto no depende únicamente de su resultado. También está en cómo lo preparamos, en cómo convivimos, en las decisiones que tomamos cuando las cosas se complican y en la capacidad de aceptar que no siempre podemos hacer realidad nuestros planes.

Mi intención es regresar al Manaslu cuando las circunstancias lo permitan. Siento que todavía tengo una historia pendiente con esta montaña. Porque los sueños no desaparecen porque una montaña nos cierre la puerta durante una temporada. A veces, simplemente, nos obligan a esperar.

El Manaslu seguirá ahí, y yo también.