Censar a la perdiz nival: una noche a 2.600 metros
El sol todavía no ha salido, la temperatura ronda los 0 grados y el silencio en la alta montaña es absoluto. A 2.600 metros de altitud, un grupo de técnicos de la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos salen de las tiendas de campaña en la oscuridad de la noche. El objetivo: censar a la perdiz nival, ese fantasma blanco que habita en los últimos rincones salvajes de los Pirineos.
Observar a esta especie es todo un reto. La perdiz nival es maestra del camuflaje: en invierno, su plumaje blanco la hace casi invisible entre la nieve; en verano, se funde con la roca. Muchas veces, podemos pasar a medio metro de ella sin darnos cuenta. Por eso, los censos se basan en la escucha. Los machos cantan al amanecer y al atardecer, para evitar ser descubiertos por los depredadores gracias a la ausencia de luz solar y es en esos breves momentos cuando la montaña se llena de señales.
Pero llegar hasta allí no es sencillo, las perdices nivales se encuentran en una altitud entre 2.400 m y 2.900m de altitud, en zonas alejadas de las construcciones humanas, y para alcanzar sus territorios de cría hay que caminar durante horas, superar desniveles, cruzar neveros y cargar con todo lo necesario para pasar la noche: tienda, saco, hornillo y equipo de montaña.
Es justo ahí donde el material técnico de montaña se convierte en nuestro mejor aliado. Chaquetas resistentes, ropa térmica ligera y botas capaces de responder en terrenos extremos nos permiten mantenernos firmes y seguros en este entorno. Gracias al apoyo de marcas como Trangoworld, podemos concentrarnos en lo importante: escuchar, anotar, seguir los rastros y, con suerte, ver a la perdiz nival levantar el vuelo ante nuestros ojos.
Además de las escuchas activas, también recorremos largar distancias en búsqueda de rastros como excrementos y plumas para estudiar el área de campeo de estas aves.




¿Cómo sobrevive la perdiz nival en la alta montaña?
Esta ave, que parece salida de un paisaje ártico, sobrevive en un lugar donde la vida es un reto. Se mimetiza con la nieve en invierno y se viste de tonos pardos en verano para confundirse con las rocas del entorno mediante la muda de su plumaje. Estas mudas están marcadas según el fotoperiodo, es decir, según las horas de luz del día. En primavera realizan la primera muda para obtener el plumaje nupcial. En verano realizan una segunda muda para tener la muda postnupcial. Y por último en octubre realizan la 3ª muda para obtener el plumaje invernal.
La desaparición de la nieve en determinadas épocas provoca que los ejemplares estén más expuesta a los depredadores porque aún no hayan mudado ya que en otoño cuando disminuye las horas de luz empiezan a mudar a un plumaje blanco, pero si aún no ha nevado, esa capacidad de camuflarse se vuelve en su contra al ser el blanco perfecto (nunca mejor dicho) para sus depredadores en un ambiente pardo.
El papel ecológico de la perdiz nival
Vive en áreas abiertas del piso subalpino y alpino desde el límite supraforestal hasta los 3000m) por lo que puede ser una buena compañera de cordada en las crestas estivales.
Es un ave herbívora que se alimenta de brotes, hojas, flores, semillas, yemas y ramas regulando el crecimiento de estas plantas y dispersando las semillas de estas plantas.
Es una presa fundamental para águilas reales, garduñas, zorros, etc. En algunos lugares actúa como regulador de las poblaciones de ciertos depredadores, no en España ya que la población es muy reducida.
Sus excrementos actúan como fertilizante natural del suelo, favoreciendo la regeneración de vegetación y el crecimiento de ciertas plantas. Es decir, es un eslabón esencial en la cadena alimentaria, un modulador de la vegetación en entornos de alta montaña que se enfrenta a un escenario complicado debido al deshielo acelerado por el cambio climático y al aumento de depredadores generalistas como zorros o córvidos, que llegan cada vez más alto, empujados por temperaturas más suaves. También porque el avance del bosque sustituye los arbustos y plantas bajas que son su alimento y refugio y, por último, porque la presión humana (estaciones de esquí, carreteras y turismo invernal) fragmenta su hábitat y la obliga a abandonar zonas clave de cría.
La perdiz nival está, literalmente, acorralada entre un clima que cambia demasiado rápido y un paisaje cada vez más ocupado.
Lo que podemos hacer:
- Respeta su hogar: cuando subas a la montaña, recuerda que entras en el territorio de especies únicas.
- Minimiza el impacto: sigue los senderos, evita hacer ruido y mantente lejos de las zonas de cría.
- Apoya proyectos de conservación: la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos trabaja incansablemente para proteger a la perdiz nival y otras especies de alta montaña.






